Esa frase la escuché tantas veces que la terminé creyendo.
La ginecóloga la dijo. Mi mamá la dijo. Yo misma me la repetí durante años como si fuera una verdad biológica, como tener ciclo o como que las rodillas duelen más con el frío después de los 35.
Hincharse después de comer todos los días no es un rasgo femenino. Es una señal.
Una nutricionista española que escuché en un podcast lo explicó sin rodeos: las mujeres normalizamos la hinchazón porque desde jóvenes la asociamos al ciclo. Entonces cuando aparece fuera del ciclo — después de almorzar, en la tarde, de noche — el cerebro la archiva en la misma carpeta y la deja pasar.
Así, sin darnos cuenta, llevamos años con un intestino sobrecargado al que nunca atendimos.